“Me llevo de Anse-à-Pitres mucho más de lo que he podido aportar”

Hace tan solo unos meses no conocía Flores de Kiskeya ni allí me conocían a mí. Con la carrera terminada y a la espera de incorporarme al trabajo el próximo mes de mayo, andaba organizando un viaje a la Isla La Española para conocer cómo funcionan tanto en República Dominicana como en Haití los Sistemas Nacionales de Salud así como el servicio que la cooperación exterior aporta en estos lugares. Quiso el azar (o la providencia) que en mi búsqueda de contactos apareciera de pronto Flores en mi camino, con un proyecto apasionante y en un momento en el que precisaban reforzar su componente sanitario.

Algunos emails, un par de reuniones por Skype y tres meses más tarde llegué a Haití como suele decirse “con la mochila cargada de ilusiones”. Pero también con la mente vacía de prejuicios e ideas preconcebidas, dispuesto a descubrir y empaparme de lo que este bello, pero castigado, país ofrece.
Ya el fronterizo Pedernales (R. Dominicana) es un pueblo muy pobre, pero aun así entrar en Anse-à-Pitres (Haití) supone un intenso contraste y más viniendo de un país europeo como es mi caso. Sería muy vanidoso, habiendo pasado aquí escasas cinco semanas, por mucho que uno haya leído y se informe, tratar de dar una explicación a la situación actual de la comunidad haitiana. Y sería aún más atrevido (como decimos en la jerga médica) hacer un diagnóstico diferencial de los problemas sustanciales del país y plantear los tratamientos para solucionarlos. Lo único que puedo afirmar con rotundidad, es que en Haití, y en concreto en Anse-à-Pitres, hay muchas necesidades evidentes (nutrición, educación, sanidad, igualdad…).

Es en este contexto en el que Flores de Kiskeya nace y crece, trabajando por empoderar mujeres en situaciones críticas para que, cubriendo el aspecto nutricional y sanitario, con trabajo y esfuerzo consigan salir adelante con sus hij@s y ser autosuficientes. Todo ello unido a un acompañamiento emocional, parte fundamental en mi opinión, cuando las circunstancias, el entorno y el sufrimiento han socavado la energía y autoestima.
En las cinco semanas que he podido compartir con Flores, mis tareas han sido la instalación y equipamiento de una enfermería y dispensario; elaborar fichas de seguimiento del estado de salud de las mujeres y niñ@s; atender sus necesidades sanitarias. Además hemos presentado la organización a la comunidad de Anse-à-Pitres y hemos ofrecido formaciones sanitarias a todas las mujeres que han querido acompañarnos sobre temas como la lactancia, la importancia de la hidratación y elaboración de sueros de rehidratación oral, infecciones vaginales, uso responsable de medicamentos, gripe (como se conocen aquí los resfriados y bronquitis), signos de alarma en el embarazo, etc. Además tuve la oportunidad de viajar a la capital junto con Alexis a un congreso que reunía a asociaciones de distintos países con programas similares al de Flores y en el que pudimos intercambiar ideas y métodos de trabajo con gente muy comprometida. Al día a día se iba uniendo progresivamente la atención a otras personas ajenas a la asociación pero con grandes necesidades médicas y a las que asistía en función de mis capacidades, siempre con el apoyo de Flores.

Desconozco si habré cumplido con las expectativas que tenían de mí en la asociación, pero mi experiencia aquí ha sido maravillosa. El recibimiento, la acogida, el cariño, el trato… por parte de todo el mundo ha sido fantástico. Regreso a España a completar mi formación especializándome pero presiento que una parte importante de mí se quedará en esta isla, en esta zona fronteriza y con esta gente. A pesar de ser un tópico no deja de ser cierto: “me llevo de Anse-à-Pitres mucho más de lo que he podido aportar”.

¡Gracias y hasta pronto Flores de Kiskeya!

Rafael José Campos Candela

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