De vuelta a Haití, por Marga Maura

La verdad que una vez más las palabras no pueden describir lo que uno siente cuando llega a Haití. Era mi segunda vez que visitaba Anse-à-Pitres, y tenía los mismos nervios o incluso más que la primera vez. Esta vez, sabía en cierto modo lo que me esperaba, y cuál iba a ser la realidad a la que me iba a enfrentar durante las dos semanas que estuve.

Aun sabiéndolo, el shock siempre estuvo. Una explosión de sentimientos fue lo que sentí los primeros días. Entre alegría máxima de conocer el proyecto, ponerle cara a todas las madres y niños, ver el terreno a través de mis propios ojos y no por meras fotografías, ver como los niños y amigos que conocí hace tres años aún se acordaban de mí…, la sonrisa única y amabilidad del pueblo de Anse-à-Pitres. Pero a la vez una inmensa tristeza e impotencia de ver que “nada ha cambiado”. Las casas siguen siendo las mismas- de adobe y palmera, algunas de cuatro palos-, las “calles” siguen siendo caminos de barro, llenos de deshechos y basura, los niños siguen igual de malnutridos, la situación  en general sigue igual de precaria, y la pobreza sigue existiendo.

Es literal, para mí, un mundo paralelo al nuestro, y que al llegar allí te das cuenta de la realidad. Es una bofetada en toda regla, que te devuelve, en un milisegundo, los pies a la tierra. Describir mi experiencia este verano me resulta como siempre difícil, porque creo que es difícil expresar tanto en simplemente palabras. Nos despertábamos como reinas en un pueblo de pescadores, donde la mayoría carecen de aire acondicionado y el calor abrasa y nosotros lo teníamos todo.

 

Tuve si una pequeña guerra en mi cabeza, entre lo que uno debe o no. Entre el hecho que estuviéramos hospedadas en ese pequeñito hotel blanco con todo tipo de “lujos” y luego cruzáramos la frontera y nuestros haitianos no tuvieran nada. No quiero decir que hace falta dormir en el suelo, pero sí creo que hubiera sido más “real” la experiencia con algo menos de “lujo”. Pero es algo personal, me sonaba contradictorio en mi cabeza.

 

El viaje en concho marcaba el inicio de un nuevo día cargado de momentos increíbles e inolvidables. La comida cada día no dejaba de sorprenderme. Lo afortunadas que son nuestras flores de poder estar allí y nosotras de compartir esos momentos con ellas.

Me fui de España con mucha expectación y obviamente nervios, pues para mí Haití hace tres años realmente me cambió como persona y fue realmente una de las mejores experiencias de mi vida. Estaba a la expectativa de ver si era posible superar esa vivencia de hace 3 veranos, en el mismo lugar, pero diferente proyecto y diferentes personas. Y realmente que de nuevo se superó.

Obviamente todos somos humanos y tenemos nuestras cosas, y al final no te puedes hacer amigo de todo el mundo que conoces en tu vida, pero sí me siento afortunada de haber hecho grandes amistades y haber compartido momentos y conocido a grandes almas.

 

Las clases y las actividades diarias fueron increíblemente bien. A pesar de ser pocas monitoras, creo que nos organizamos muy bien, y nuestra coach sin duda hizo un gran trabajazo para que todo siempre saliera a la perfección (Dani, también conocida como Ti-mama).

Mi grupo, el grupo de los leones, era sin duda un grupo de niños con ganas de aprender y compartir. Nunca deja de asombrarme ese aspecto: como los más pequeños cuidan a los bebes y lo fácil que comparten un pedazo de pan entre quizás 10 pequeños, sin que ha alguno se le pase por la cabeza no compartir con el de al lado. En España no ocurre ni en los mejores cines. Me fascina también las madres, las GRANDES HEROÍNAS de la casa, como con 2, 3, 4 e incluso 5 hijos, independientemente de la edad que ellas tengan, siguen adelante solas. SON PARA MI EL MAYOR EJEMPLO Y LA MAYOR ENSEÑANZA DE TODAS.

Y por último mi despedida. Fue la más extraña, por así decirlo, de las que he vivido en mucho tiempo. Tenía como una contradicción de sentimientos constante. Por un lado, no me quería ir, y me moría por quedarme, por seguir allí cada día, cantando, bailando y aprendiendo a mover las caderas, pintando las caras a los niños, persiguiéndoles para que no me pierdan mi cámara, y un sin fin de momentos más, pero a la vez sabía que algo, también muy bueno, me esperaba…

Un año más se ha superado. Para mí Haití, un país que ocupa un lugar muy importante en mí y sobretodo en mi corazón. Tanto las madres, los niños y sobretodo las voluntarias y los voluntarios haitianos han contribuido una vez más a una gran enseñanza para mí. Todo lo que yo haya podido ayudar o intentar darles nunca será suficiente para agradecerles lo que yo he recibido y aprendido de ellos.

Gracias, gracias Romi, por dejarme una vez más juntas compartir estos días increíbles. Por formar parte de este proyecto y sobre todo por hacer todo posible. No sabría decir nada más negativo a lo mencionado y que estuve muy poco tiempo, lo sentí como dos días, pero de los mejores de mi vida.

Todo lo demás fue simplemente perfecto.

MÈSI ANPIL, WÈ OU BYENTO

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