De vuelta a Haití, por Marga Maura

El viaje en concho marcaba el inicio de un nuevo día cargado de momentos increíbles e inolvidables. La comida cada día no dejaba de sorprenderme. Lo afortunadas que son nuestras flores de poder estar allí y nosotras de compartir esos momentos con ellas.

Me fui de España con mucha expectación y obviamente nervios, pues para mí Haití hace tres años realmente me cambió como persona y fue realmente una de las mejores experiencias de mi vida. Estaba a la expectativa de ver si era posible superar esa vivencia de hace 3 veranos, en el mismo lugar, pero diferente proyecto y diferentes personas. Y realmente que de nuevo se superó.

Obviamente todos somos humanos y tenemos nuestras cosas, y al final no te puedes hacer amigo de todo el mundo que conoces en tu vida, pero sí me siento afortunada de haber hecho grandes amistades y haber compartido momentos y conocido a grandes almas.

Las clases y las actividades diarias fueron increíblemente bien. A pesar de ser pocas monitoras, creo que nos organizamos muy bien, y nuestra coach sin duda hizo un gran trabajazo para que todo siempre saliera a la perfección (Dani, también conocida como Ti-mama).

Mi grupo, el grupo de los leones, era sin duda un grupo de niños con ganas de aprender y compartir. Nunca deja de asombrarme ese aspecto: como los más pequeños cuidan a los bebes y lo fácil que comparten un pedazo de pan entre quizás 10 pequeños, sin que ha alguno se le pase por la cabeza no compartir con el de al lado. En España no ocurre ni en los mejores cines. Me fascina también las madres, las GRANDES HEROÍNAS de la casa, como con 2, 3, 4 e incluso 5 hijos, independientemente de la edad que ellas tengan, siguen adelante solas. SON PARA MI EL MAYOR EJEMPLO Y LA MAYOR ENSEÑANZA DE TODAS.

Y por último mi despedida. Fue la más extraña, por así decirlo, de las que he vivido en mucho tiempo. Tenía como una contradicción de sentimientos constante. Por un lado, no me quería ir, y me moría por quedarme, por seguir allí cada día, cantando, bailando y aprendiendo a mover las caderas, pintando las caras a los niños, persiguiéndoles para que no me pierdan mi cámara, y un sin fin de momentos más, pero a la vez sabía que algo, también muy bueno, me esperaba…

Un año más se ha superado. Para mí Haití, un país que ocupa un lugar muy importante en mí y sobretodo en mi corazón. Tanto las madres, los niños y sobretodo las voluntarias y los voluntarios haitianos han contribuido una vez más a una gran enseñanza para mí. Todo lo que yo haya podido ayudar o intentar darles nunca será suficiente para agradecerles lo que yo he recibido y aprendido de ellos.

Gracias, gracias Romi, por dejarme una vez más juntas compartir estos días increíbles. Por formar parte de este proyecto y sobre todo por hacer todo posible. No sabría decir nada más negativo a lo mencionado y que estuve muy poco tiempo, lo sentí como dos días, pero de los mejores de mi vida.

Todo lo demás fue simplemente perfecto.

MÈSI ANPIL, WÈ OU BYENTO

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